
El reconocimiento a Cornbread, considerado el padre del graffiti moderno, vuelve a poner en valor una disciplina que en Chile tiene una historia profunda y muy ligada al hip hop. Su legado no solo pertenece a Filadelfia, sino a toda la cultura urbana global.
Desde los años 70, Cornbread transformó la acción de escribir un nombre en el espacio público en una forma de identidad y resistencia. Ese mismo espíritu llegó a Chile décadas después, donde el graffiti se convirtió en una voz visual para barrios, crews y movimientos sociales.
En ciudades como Santiago, Valparaíso o Concepción, el graffiti ha funcionado como una extensión natural del rap y el breakdance, compartiendo códigos, valores y territorialidad.
Este homenaje internacional reafirma que el graffiti no es vandalismo, sino una expresión cultural con historia, mensaje y pertenencia.